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20 razones para amar la lingüística, una interesantísima introducción a cómo el lenguaje nos hace quienes somos e influye en cómo vemos el mundo
20 razones para amar la lingüística y el lenguaje en el que habitas. Por Lorena Pérez Hernández. Plataforma Editorial, 18 de febrero de 2026. 226 páginas.
El lenguaje es algo fascinante y maravilloso a lo que no solemos prestar la atención debida porque lo damos por hecho al vivir inmersos en él. Lorena lo expresa perfectamente nada más empezar:
En muchos aspectos, el lenguaje es como la materia oscura del universo. Intangible y abstracto, es una capacidad exclusiva de nuestra especie que nos permite adquirir una o más lenguas concretas para conformar nuestro universo comunicativo. El lenguaje está siempre presente en nuestra vida, pero, al mismo tiempo, es invisible. Al igual que la materia oscura, su origen es todavía un misterio. No sabemos a ciencia cierta cuándo ni cómo surgió. ¿Fue una mutación genética? ¿El resultado de un lento proceso de adaptación? También desconocemos aún muchos aspectos de su naturaleza y de su funcionamiento. Se trata de un campo de investigación extenso todavía por explorar.Este libro te abrirá los ojos al respecto explicándote cómo los lingüistas estudian las lenguas para poder llegar a descubrir la naturaleza y el funcionamiento del lenguaje.
Y te dejará con ganas de más porque la naturaleza y el funcionamiento del lenguaje tienen mucho que ver con por qué somos cómo somos y con muestra que las palabras no solo describen el mundo, sino que lo transforman, pues como verás tras leerlo las palabras no solo lo describen, sino que lo transforman.
Cmo turófilo empedernido y confeso sólo tengo una pega: ¡el gruyer no tiene agujeros!
Bueno, dos: se me ha hecho demasiado corto, pero eso es debido al formato de la colección a la que pertenece.
Em cualquier caso, un libro muy, muy recomendable.
Y me parece inevitable volver a recomendar tanto Un cerebro lleno de palabras de Mamen Horno, un libro que es una apasionante reflexión sobre las palabras y nuestra relación con ellas que creo que complementa muy bien a este como La historia de tu vida, de Ted Chiang, el relato corto en que está basada La llegada, la película de Denis Villeneuve que Lorena menciona en el libro.
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Centros de datos a lo bestia: Hyperion, Terafab… Ahora se miden en GW y TW, no en servidores
Cuando se habla de los nuevos centros de datos para IA cada vez se ven menos cifras de «número de servidores» y más de gigavatios (GW). La razón es sencilla: contar máquinas ya no significa gran cosa, porque lo que de verdad limita estas gigantescas instalaciones no es cuántos ordenadores y cables tienen dentro, sino cuánta electricidad se les puede proporcionar, cuánto calor se puede disipar y qué capacidad de red tienen para mover datos.
Un gigavatio son 1.000 megavatios, o 1.000 millones de vatios, así que hablar de un centro de datos de 1 GW o 5 GW es comparable con la demanda eléctrica de una ciudad grande de alrededor de un millón de habitantes. Es la forma más directa de entender su escala real. En esta liga ya no importa tanto cuántos racks tienes, sino si necesitas una subestación, una central de gas o media región generándote electricidad para que aquello funcione.
¿Para qué se usa toda esa energía?Además de los usos corrientes, en los centros de datos la carrera por la IA ya no trata sólo de modelos más «listos». Va de construir infraestructuras descomunales, con cifras que hace cinco años habrían sonado a ciencia ficción barata, a ingenieros de megaconstrucciones puestos de LSD o a PowerPoints de circo.
Meta, por ejemplo, está construyendo en Luisiana su Hyperion, un campus de 2 GW, con una posible ampliación a 5 GW lista para el futuro. Es como un gigantesco campus temático para informáticos, con un total de 11 edificios y más de 370.000 m² construidos dentro de una parcela de unos 9 km² (!) que es algo así como la cuarta parte de Manhattan en cuanto a superficie. Podría albergar más de 41.000 racks de Nvidias GB200 NVL72 y superar los 3 millones de GPUs. Cada uno de esos racks lleva 72 GPUs, 36 CPUs y del orden de una decena de TB de memoria. En ese «ejército de armarios» cada soldado mide más de 2,2 metros, pesa hasta una 1,5 T y puede consumir unos 120 kW.
En un movimiento similar, Elon Musk (y este hombre igual sí que va puesto de algo) ha prometido una fábrica de chips de 20.000 millones de dólares para coches, robots, satélites, una megaconstelación de datacenters y, ya puestos, su sueño de una civilización galáctica. Tiene un nombre humilde: la Terafab.
La fábrica de teraloquesean está planteada como una empresa conjunta entre Tesla, SpaceX y xAI y se construiría en Austin, Texas. Musk habla de escalas descomunales: centenares de gigavatios de potencia para las operaciones terrestres y hasta 1 TW para su idea de «procesamiento espacial». Dicho en cristiano: no está hablando de la factura de la luz «al año», sino de una barbaridad de capacidad eléctrica e industrial.
En enero, además, SpaceX pidió permiso para poner en órbita hasta un millón de satélites-datacenters. ¡Hasta el infinito y más allá de internet! La premisa parece ser que «el espacio está frío» y que refrigerar los datacenters es lo que más consume energéticamente hablando. La idea puede sonar bien… Hhasta que recuerdas (si no te saltaste las clases de física) detalles menores como que en el espacio no se disipa bien el calor porque no hay aire, que ese millón de satélites hay que lanzarlos, blindarlos, repararlos cuando casquen y luego mover datos a velocidades ¡ejem! mil veces peores que en tierra. Ya veo a astronautas subiendo a hacer el «apagar y encender» a ver si así se arregla cuando haya problemas.
El «pequeño» problema es de dónde sacar esa energía y lo que supone hacerloEstos datacenters son tan grandes que hay que reconsiderar las reglas típicas de la construcción: pesan más, gastan más, necesitan más ancho de banda y ya no basta con ventiladores y aire frío. Los suelos tienen que soportar cargas de hasta 3.000 kg por m². Los paneles prefabricados de hormigón pueden llegar a los 23 metros de longitud. Y algunos proyectos han reducido sus plazos de 30 o 36 meses a apenas un año. Lo del coste económico «ya si eso»… aunque ahí al menos los Excel todo lo aguantan.
El verdadero problema está en la energía. Hyperion necesitará 2 GW y 5 GW si crece mucho más, casi 500 MW por edificio, equivalente al consumo de unos 4,2 millones de hogares. Para alimentarlo, planean construir tres centrales de gas con una potencia combinada de 2,2 GW. Las emisiones asociadas podrían ir de 4 a más de 10 millones de toneladas de CO₂ al año, que no es un tema menor. Y eso sin contar con el «festival de hormigón» de la industria de los datacenters, que solo en Estados Unidos es de un millón de toneladas de cemento en los últimos tres años, más o menos el 1% de lo que se utiliza en todo Estados Unidos en un año cualquiera.
Si hubiera que ordenar las idas de olla que ya están sobre la mesa, se pone difícil elegir: megaestructuras llenas de racks, constelaciones de satélites con gigantescos panales de refrigeración desplegados, unas necesidades energéticas que ni las luces de Navidad… La impresión general es que la industria de la IA ha pasado de «vamos a entrenar modelos» a «vamos a rehacer media infraestructura industrial y energética del planeta para dar de comer a los modelos». Un auténtico WTF en toda regla.
Tan descerebrada es la situación que ya hay políticos solicitando que se detenga la construcción de nuevos datacenters «para la IA». Porque es como si las más grandes compañías asumieran que su único futuro es escalar más, gastar más y construir más deprisa. ¿Es realista? La intuición nos viene a decir que no, pero dentro de unos años comentamos.
Más info:
- What Will It Take to Build the World’s Largest Data Center? (Spectrum)
- Meta announces 2GW Louisiana data center (Data Centre Dynamics)
- Meta is building a massive data center. Why it's fueling fears (NPR)
- Elon Musk announces TeraFab (Data Centre Dynamics)
- What is Elon Musk's Terafab chip project? (CBS News)
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Fotos: Meta; Elon Musk (CC) Gage Skidmore @ Flickr.





