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Adjudicado la redacción del proyecto de una nueva base de mantenimiento para el tramo Antequera-Granada
Comboios de Portugal recibe la primera unidad eléctrica del plan de modernización de su flota
Renfe programa doce servicios por carretera entre Salvaterra y As Neves, en Pontevedra
Keybee, un teclado alternativo y de código abierto diseñado para móviles (no triunfará, pero cuenta con nuestra simpatía)
Soy muy fan de los teclados alternativos, tanto que hace décadas recuerdo haber dedicado varios días a aprender Dvorak. Naturalmente, no era tan eficiente como el Qwerty, así que lo acabé abandonando (y recolocando las teclas del PC de nuevo). Haber visto que hay gente que se ha animado a crear otro más, llamado Keybee, me llena de alborozo.
Los fundamentos del Keybee parecen buenos:
- Las teclas son más grandes.
- La forma natural de teclear es con un solo dedo.
- La disposición es un «panal hexagonal», por lo que no hay «espacios vacíos entre teclas» en los que puedan fallar las pulsaciones.
- Las conexiones entre teclas (pares de letras) están pensadas para optimizar la velocidad; dicen que hasta un 50 por ciento.
Concuerdo con las primeras tres cuestiones; son algo que puede venir realmente bien. Es curioso pensar que el diseño de los teclados de los móviles proviene de una disposición física de teclas que a su vez proviene de la necesidad de separar las teclas de los «pares de letras más usados» para que no se atascaran mecánicamente.
Respecto a lo de la disposición de las teclas… Pues, a ver: puede ser teóricamente mejor pero sin duda requiere memorizar un nuevo teclado (tanto con memoria «normal» como con memoria muscular). Eso veo más difícil que triunfe. Recuerdo que memorizar los gestos de Graffiti en las Palm no era tan traumático, aunque esto es un poco diferente. Es curioso ver cómo casi parecen una tabla de frecuencias (las letras más frecuentes en ingles), que como es bien sabido comienza por ETAOIN SHRDLU… y aquí salen casi en espiral alrededor del centro, que entiendo será el espacio.
Este teclado se puede descargar de Google Play para móviles Android (Teclado Keybee) (para iOS no hay versión) y se puede cotillear y trastear con su código abierto, que está en Github (KB-androidApplication).
La iniciativa me parece estupenda, pero más poderosa es la dominancia del Qwerty a todos los niveles. Así que, como decía Bishop en Alien (1982): «No tiene ninguna posibilidad, pero cuenta con mi simpatía».
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Cruce de cables: la tecnología antigua fiable pero predecible, frente a la moderna de resultados inesperados
En la última entrega de Cruce de Cables de RNE estuve con el gran David Sierra hablando de Cómo los cacharros antiguos eran más fiables y, sobre todo, predecibles. Es todo un contraste con lo que sucede hoy en día, en el que las máquinas se «actualizan» solas, piden permiso para cualquier tontería o fallan y dejan de funcionar inesperadamente, haciendo parpadear iconos que a veces ni siquiera son comprensibles.
El audio está aquí:
- La tecnología antigua fiable pero predecible, frente a la moderna de resultados inesperados [a partir de 17:30].
Seamos claros: los aparatos antiguos fallaban poco y siempre de la misma manera; los modernos hacen cosas inesperadas y se «rompen» más de lo que nos gustaría.
He aquí cinco ejemplos de ese comportamiento, que, quien más quien menos, los oyentes habrán vivido en primera persona:
- El coche que no arrancaba vs. el coche que decide por ti. Antes: Girabas la llave y no pasaba nada. Batería muerta. Diagnóstico inmediato. Ahora: El coche arranca, pero desactiva el control de crucero, limita la potencia y te muestra cinco iconos naranjas «no críticos». Si tienes suerte, puedes circular… pero a lo mejor no deberías. El otro día en el taller hicieron un truco para borrarme uno de esos iconos porque, si no, el coche no pasaba la ITV.
- El reloj-despertador analógico que sonaba (pero siempre). Antes: Sonaba a la hora exacta. Horrible, pero fiable. Ahora: El teléfono móvil decide que hoy no suena porque no estabas «durmiendo profundamente», se ha cambiado mal de zona horaria, o una app ha tomado el control del audio. Al final llegas tarde y encima es culpa tuya.
- El mando a distancia de la TV con las pilas gastadas. Antes: Si la tele no cambiaba de canal, eran las pilas. Pilas nuevas. Caso cerrado. Ahora: El televisor se enciende solo, cambia de idioma, abre una app desconocida y te recomienda una serie que no te interesa. Eso si no se niega a mostrar nada por hay «una actualización del sistema» o el fabricante ha decidido que vas a ver unos anuncios antes de ver nada. No está roto: está demasiado vivo.
- El documento que no se guardaba. Antes: Si no guardabas el documento, lo perdías todo. Lección aprendida. Ahora: El documento está «guardado en la nube», pero… quizá en otra cuenta, en otra versión, o en un estado intermedio imposible de recuperar. Es muy habitual en aplicaciones para escanear fotos, al recibir ficheros a través del móvil, y en documentos de trabajo «compartidos» con otras personas del equipo. El documento existe, pero no sabes dónde está, ni qué versión es la buena.
- La impresora matricial que hacía ruido… e imprimía. Antes la impresora hacía un ruido infernal, era lenta, incluso manchaba… pero imprimía. Si no imprimía, era porque no había papel o porque la cinta estaba gastada. Dos causas, dos soluciones. Hoy en día la impresora está conectada a la red wifi, tiene tóner o tinta y está lista… Pero decide no imprimir porque el driver no coincide exactamente con la versión del sistema operativo (que se ha actualizado solo por la noche) o porque el cartucho de tóner está solo al 10%. Mi chiste favorito al respecto es el del tipo que va a imprimir…
- … y le contesta la impresora «no puedo, me queda poco magenta» y le responde «No te preocupes, que está en blanco y negro». Y le vuelve a responder: «Pues te jodes, porque me queda poco magenta». Es la crueldad de los tiempos modernos: puede imprimir, pero simplemente no quiere.





